EL DELICADO ASUNTO DE LA PUNTERIA MASCULINA



ESTUDIOS Y SOLUCIONES AL EL PROBLEMA DE PRINGAR LA TASA DEL INODORO
La guerra de sexos tiene uno de sus campos de batalla más recurrentes en el cuarto de baño. Las quejas femeninas por la acreditada incapacidad de los hombres para bajar la tapa del inodoro después de orinar o por su irritante costumbre de dejar rastro de su paso por la taza en forma de salpicaduras y malos olores pueden tocar a su fin si prospera una propuesta que gana adeptos en países como Suecia, Japón o Taiwán: que los hombres se sienten para hacer aguas menores, igual que lo hacen ellas.
Uno de los últimos en sumarse a esta campaña, entusiásticamente aplaudida por la mitad femenina de la población, ha sido el ministro de Medio Ambiente de Taiwán. Aduce Stephen Shen razones de índole higiénica para impulsar una 'revolución' que ayude a mantener los cien mil baños públicos de la isla más limpios. Shen, que asegura adoptar esta postura en la intimidad, mandó colocar carteles sugiriendo este cambio de hábitos entre los usuarios de los mingitorios masculinos.
Las mujeres alemanas tienen un aliado en esta lucha: un pequeño fantasma de plástico adherido al retrete que, cuando el 'infractor' levanta la tapa para orinar, le recuerda en un mensaje grabado que «en esta casa se cobra una multa a quienes hagan pipí de pie».
Hay alternativas menos drásticas. Como la escogida por los gestores del aeropuerto de Schipol, en Ámsterdam. Una simple mosca pintada en cada urinario consiguió reducir las salpicaduras en los bordes de la taza y en el suelo hasta en un 80%, al ofrecer a los miccionantes un blanco fijo al que acertar durante el proceso de descarga.
El asunto no es baladí. La Brigham Young University de Utah tiene un laboratorio, el Splash Lab, dedicado a estudiar la dinámica de fluidos, que ha desarrollado un análisis sobre la micción en particular. A sus investigadores no se les ocurrió mejor idea que tratar de relacionar la altura de la persona, el tamaño del pene y la velocidad del chorro de orina -21 mililitros por segundo parece ser la cifra estándar- con la salpicadura que provoca. Su conclusión fue tan sorprendente como el mismo objeto de estudio: ninguna de estas variables tiene una relevancia apreciable. Lo que realmente influye es el ángulo de choque del chorro con la superficie: cuanto más perpendicular, menor salpicadura. Así que estos sesudos científicos determinaron que, si se orina de pie, conviene hacerlo inclinándose ligeramente sobre el sanitario para que la 'entrada' sea más limpia. Como la que efectúa en la piscina un saltador olímpico.
Pero ni siquiera eso garantiza que se eviten las salpicaduras. «Cuando se está de pie, resulta físicamente imposible evitar que una parte de esas gotitas se desprendan del flujo principal y alcancen el borde de la taza del baño o el mismo suelo. Sentarse a hacer pis es la opción más higiénica y más lógica», sentencia el experto Randy Hurd. Al final, todas las ecuaciones confluyen en la ley de talión: la última gota, al pantalón.



Fuente:  http://www.hoy.es/sociedad/201501/19/sentado-20150119002208-v.html

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